……Cuando veas al INTI, otra vez tu cuello estará sano, y tu cabeza y tu cuerpo juntos estarán. El zurriburri dejarán todos los Andinos, EL INKARRI NOS SALVARA.

 

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A la muerte del último Inca Túpac Amaru, que dio nombre a varios descendientes y a movimientos revolucionarios americanos, se gritó en forma solidaria el mito de INKARRI, que dice que el descuartizado Inca, cuando su cuerpo esté nuevamente curado y completo con su cabeza sobre sus hombros volverá en el décimo Pachacutec o Quinto Sol, sólo tenemos que levantar nuestra cabeza a una Pacarina y esperar que el Inca aparezca, trabajador justo, honesto y humanista, amante de la Pacha y unificador de una nueva nación.

 

Los campesinos de los Andes peruanos narran, desde hace generaciones, unas historias que tienen como protagonista al Rey Inca, que es conocido, generalmente, en estos relatos tradicionales con la denominación de Inkarrí. Inkarrí, rey del Cuzco, compite con otro personaje real llamado Collarí, rey del Collao, del lado de Puno, de la zona aymara. Por un lado hay autores que tratan de demostrar que el sentido de la competición no está en la victoria sino en el fundamento del intercambió entre los pueblos encabezados por Inkarrí y Collarrí. El intercambio asimétrico, contradictorio en si mismo, expresado y transmitido a través de una serie de competiciones rituales.

 

Desde que Arguedas recogió las primeras versiones de estas historías míticas protagonizadas por Inkarri, se ha generalizado el interés de los antropólogos peruanistas por encontrarles un sentido. En algunos casos se ha buscado en estos mitos el testimonio residual de cultos prehispánicos, por un lado, y del acontecimiento histórico de la conquista española, por otro. En otros casos se han buscado las razones que explican la vigencia de estos relatos y, por consiguiente, su valor social presente en la conciencia de los campesinos andinos del Perú.

 

Algunos mitos son interpretados como la legitimación simultánea, tanto de la mayor riqueza del Cuzco, como del dominio político del Cuzco sobre el Collao. Las victorias de Inkarrí sobre Collarrí son, para estas interpretaciones, la justificación mítica de esas diferencias de poder político y económico. Otros mitos son interpretados como la expresión de una ideología mesiánica que espera la restauración del poderío incaico en una próxima vuelta que el mundo dará cuando la cabeza de Inkarrí se reúna con el resto de su cuerpo.

El padre Sol tuvo otro hijo llamado Españarrí.

 

¿Porqué mi hermano es tan inmensamente poderoso y puede hacer de todo? A mí deben respetarme, no a él que tiene sus pies ensangrentados. Soy más hermoso y mi sexo es más grande ». Así dice que habló, con odio, y las montañas temblaron.

Españarrí fue a buscarlo y le dejó una carta. Cuando llegó Inkarrí encontró el mensaje, enojado gritó: « ¿Qué ave, qué animal ha manchado con sus patas este papel tan blanco? ».

Pero Inkarrí sabía de su hermano, por eso le dejó unos quipus que dicen que eran de hilo.

« ¿Esos harapos, esas hilachas, de qué mísero hombre serán? »

Pero la luna y el Sol se juntaron, el toro y el Amaru.

El mundo avanzó. La tierra tembló y la cabeza de Inkarrí la escondió su hermano.

Desde entonces surgieron los degolladores.

« La sangre de Inkarrí está viva en el fondo de nuestra Madre Tierra. Se afirma que llegará el día en que su cabeza, su sangre, su cuerpo habrán de juntarse…Ese día amanecerá en el anochecer, los reptiles volarán. Se secará la laguna de Parinacochas, entonces el hermoso y gran pueblo que nuestro Inkarrí no pudo concluir, será de nuevo visible ».