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En un terremoto nació esta fe, que hoy es multitudinaria.

Todo comenzó en la calle Pachacamilla a mediados del

siglo XVII. Allí fueron recluidos los indígenas que habían sido desalojados de Pachacamac – antiguo oráculo indio de los terremotos –, lo que originó el nombre de la calle.

En una casa habitada por esclavos, uno de ellos, de casta angoleña, llamado Pedro Dalcón, pintó en un muro una imagen representando a Cristo en el calvario. Un terremoto redujo la casa a escombros, pero el muro con la pintura quedó incólume. Podría estar relacionado, según explica la historiadora María Rostworowski, con el culto milenario al dios Pachacamac.

La gente dijo: ¡milagro! Y la voz se propagó, y poco más tarde acudían reverentes de toda la ciudad para ver el prodigio. Se construyó allí una rústica capilla y después, con permiso del rey, una pequeña iglesia.

Los devotos de la imagen crecían cada año, y la admiración alcanzó mayores proporciones cuando el terremoto de 1687 destruyó la ciudad, pero el muro con la pintura volvió a quedar en pie. El cabildo de Lima eligió entonces al Señor de los Milagros patrón de la ciudad, y en ese año nació la primera hermandad del Señor de los Milagros. Como consecuencia de los estragos de este terremoto salió por primera vez la procesión.

Posteriormente se formó el Convento, cuando otro terremoto destruyó la pequeña iglesia de Pachacamilla. La nueva iglesia se construyó en otro lugar, en el que está hasta ahora, pero la tradición ha seguido llamando el Cristo de Pachacamilla a la imagen, cuyo original se conserva aún en el interior del monasterio en el mismo muro en que fue pintada por el esclavo angoleño.

Con el transcurso del tiempo, la procesión fue tomando mayores proporciones y ampliando su recorrido, con estaciones en todos los templos del centro, haciendo siempre un recorrido de dos días. Se inicia entonces la novena, y el día 28 se hace el último recorrido de la festividad.

La multitudinaria procesión del Señor de los Milagros señala audazmente la realidad desconsoladora de la capital peruana; en ella vemos desfilar, procesionalmente, las psicologías típicas de su población, las amargas pugnas sociales, los negocios turbios y pingües, las componendas de la política criolla, el esplendor de los barrios elegantes, la miseria de sus barriadas.

Una pesada anda resplandeciente de oro y plata, empequeñecida en sus proporciones en medio de la más grande muchedumbre que se puede ver en Lima, avanza muy lentamente. Como las estrellas en el firmamento, parpadean las velas entre la multitud y nublan el ambiente con su humareda.

¡Y qué engreídos se ponen los Neo Limeños en estos días! “¡Avancen hermanos!” gritan con insolencia y desafío los Neo Limeños vestidos de morado con toda la autoridad que les da la Hermandad, que cada año hace también la noticia con la elección de directivas y de las cuadrillas de cargadores.

“¡Ave! ¡Ave María!” canta por su cuenta la Neo Limeña seguida por su Neo Limeñito, que no entiende de milagros y se embadurna la cara con la miel de los turrones. Pero las vivanderas entienden de milagros y de negocios y hacen su agosto en octubre. Forman el ejército de vendedores de comestibles que dan sabor en la verdadera aceptación de la palabra a este grandioso acto de fe que es la procesión del Señor de los Milagros. Así es el mes de octubre en Lima. Así es desde hace más de tres siglos. ¿Que es una manifestación primitiva de religiosidad, ajena a la época? ¿Que es una expresión multitudinaria de idolatría? Lo afirma más de un Neo Limeño y categórico a los amigos. Pero en octubre está con su corbata morada formando parte de esa gigantesca multitud. “Voy para acompañar a mi mujer”, dice.

Un fenómeno relativamente reciente para el país es la emigración masiva hacia otros países como Estados Unidos, Japón o, más recientemente, Argentina, España e Italia, y siendo necesidad para el espíritu peruano tener consigo sus costumbres y tradiciones, grupos de peruanos afincados en Atlanta (Georgia, EE.UU.), Madrid (España) o Panamá han formado hermandades del Señor de los Milagros. Donde grupos de peruanos se congregaron para crear un movimiento de religiosidad, devoción y adoración a la ya conocida imagen patrona de Lima, el Señor de los Milagros, la devoción se acrecienta cada vez más aún y con un pueblo no solamente peruano, sino totalmente latinoamericano. En el mes de octubre, en diferentes países del mundo, peruanos celebran misas, procesiones rindiendo homenajes a la imagen del Señor de los Milagros.

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