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Hacía mucho tiempo que no veníamos a pasear por estos lugares, el relato del pasado a veces quiere sorprenderme, quiere aprovecharse, quiere sobornarme con lágrimas que ya nada de sal tienen. Pero al parecer las personas siguen un ciclo vital, y ahora yo, muy convencido con aquel movimiento filosófico del estoicismo, solo debemos de estar preparados contra una señora muerte. Eran casi las cinco de la tarde, y luego de una prorroga por parte de ella, se dejó llevar. Ahora estamos aquí, casi toda la familia reunida, un verde horizonte que de manera inoportuna quiere alegrar esta tarde de marzo, esa tarde que de manera particular marcó un episodio en mi vida. Aun recuerdo ese jueves, uno de esos que deja caer la noche rápidamente, luego de haber terminado algunas obligaciones escolares, fui a tomar el autobús que me dejase cerca de la clínica, como olvidarme « Javier Prado » si hasta el día de hoy cada vez que rozo esas calles, parece que fuera de visita. Llegué y hoy si no vaticinaba nada, al contrario me encontraba muy desubicado del tema, sabia todo lo que pasaba, pero alguien me ocultaba la seriedad del problema. No la vi hasta que me retiré, no quería verla, nunca me gustó ver ni visitar a gente internada, me hace recordar mucho cuando mi madre bajo presiones económicas cae en la depresión y yo con tan solo cuatro años de edad tenía que soportar sus desmayos.

Por presiones de mi madre, por fin vi a mi tía, me hubiera gustado no ver, se encontraba muy decaída, me parece que ya ni me reconocía, su cuerpo temblaba y se levantaba ligeramente de la cama (son las imágenes que más recuerdo). No quería que alguien me vea llorar, las lágrimas se escaparon posteriormente en el auto de un primo, que de manera muy atenta decidió llevarnos a nuestro hogar. Recién en esos minutos desanimados me di cuenta que podía ser el ultimo día. A la mañana siguiente mi madre fue a despertarme muy desesperada, era viernes y falté al colegio, decidimos ir a visitarla, en el trayecto, mi celular vibró como nunca lo había hecho, era la esposa de mi primo, nos dio la noticia, había fallecido. Llegamos a la clínica, vimos el cuerpo, no lo podía creer, si hace unos meses andábamos por el norte a muy tempranas horas con el virazón, y una expectativa diferente. Hoy era la despedida, todos sentían un abrazo solitario, era sábado, un sábado que parecía invernal con el típico ya, cielo gris.

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