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El Pishtako es un ser que forma parte de la mitología quechua, y hace su aparición con la llegada de los españoles en el Perú.

Se describe al Pishtako como un ser de raza blanca, alto, fuerte y que generalmente usa sombrero blanco, hace una vida nocturna para cazar seres humanos que caminan en la soledad de la noche, los caza para usarlos como fuente de recepción del aceite humano.

 

El Pishtako hace su reaparición con la creación de los grandes ingenios azucareros. El aceite era usado para el mantenimiento de las enormes maquinas en los ingenios azucareros.

 

Los pishtakos negociaron con la grasa humana vendiéndola a peso de oro a los señores gringos mineros. ¡La grasa humana valía un dineral! Ella era la que prestaba esa fuerza asombrosa, esa suavidad y esa rapidez al inmenso engranaje de las ruedas de los ingenios, que desmenuzaban el mineral con inflexible y ruda seguridad, zumbando y jadeando, y a veces rugiendo opacamente como si en el fondo de su complicado mecanismo se lamentase un buey oprimido.

 

Allá en ese cerro Cuchihuayacco y al frente, Cutupaita (nombre de los cerros), subida de Watatas, están esos lugares donde vivían los pishtakos. A cualquiera que pasaba por allí lo descuartizaban, llevando un inmenso penacho donde tenían preparado el lugar de la matanza. Una vez que lo descuartizaba lo colgaba en unos eslabones, como a un carnero cortado por el largo de todo el pecho. Dicen pues que goteaba el aceite humano, y éstos lo recogían en grandes vasijas para llevar el aceite humano y exportarlo al extranjero a buenos precios. En esos tiempos estaban surgiendo las grandes máquinas en los países adelantados, y mejor funcionaban con el aceite humano.

 

Todo este trabajo de sacar aceite lo hacían de día en pleno sol. Recién ahora se explican en los alrededores por qué había pishtakos misteriosos y por qué, de vez en cuando, se encontraban en los parajes solitarios vientres despanzurrados y cabezas destroncadas. Y luego, esa novedad de los ingenios y más ingenios y de gentes rubias y bárbaras irrumpiendo las desoladas serranías y conquistándolas e invadiéndolas con los humos de las plantas metalúrgicas.

 

En el mes de noviembre del 2009 fue descubierta la banda de los Pishtakos, que traficaba con grasa humana. De inmediato se procedió con la captura de la banda, a la que también integraban dos italianos. Uno se encuentra en Huánuco y el otro salió con varios kilos de grasa humana a Italia y no volvió. Esta banda operaba en Pasco y Huanuco. Según la policia, más de cien personas habrían sido asesinadas. Esta sanguinaria mafia operaba desde hace más de siete años.

 

–          ¿Por qué hacen esas maldades?

–          La grasa vale: La grasa de los cholos vale. La exportan al extranjero. Pagan caro la grasa peruana.

–          Allá ¿qué hacen con eso? No te creo que sea cierto lo que me cuentas.

–          Pero, sí. Esa grasa la convierten en crema de belleza. Así rejuvenecen ellos.

–          ¿Y las cremas de nuestros salones de belleza?

–          También las hacen de grasa, las traen de Europa.

–          ¿Y tú usas cremas rejuvenecedoras?

–          Yo nunca. Sólo uso cremas vegetales. Es puro aguacate.

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