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carta a limaHola, me pareció un poco más interesante enviarte una carta vía medio físico, sabes que el Hotmail no da sorpresas y quería sorprenderte. Sé que lo nuestro duró mucho y no tengo las agallas de decir que fue lindo. Bueno, fue lindo. Ahora no se cuanto han cambiado nuestras vidas. Sí me enteré que estas en el octavo ciclo de medicina. Pero que rápido pasa el tiempo, la última vez que te vi fue cuando celebramos tu ingreso a la universidad en casa de Coco. Solo te cuento que el frío de Barcelona me ahorca cada vez más y el cielo me amenaza, prefiero no salir. Aquí cambie mucho, tengo que hacer mis cosas, no hay quien me de la mano. Por suerte una pareja de abuelos me acogieron muy bien, solo sé que no pueden tener hijos pero los bandidos me hacen despertarme cada madrugada. La primera vez que escuche los gritos de la abuela no me atreví a salir de mi habitación pensé que el abuelo se había poseído de cien mil demonios y estaba descuartizando a la abuela poco a poco, luego entendí que disfrutaban hacer el amor. Sabes que soy fácil en deprimirme y es ahora cuando más lo siento, es el invierno, quizá. A veces siento que quiero regresar a Lima, a veces siento que no soy para esto, publiqué un par de libros y no puedo negar que me fue bien. Este último libro me trajo por acá y es que desde su publicación la editorial no deja de llamarme y ahora quieren que me quede un par de meses más. Ya son casi 2 años lejos de mi familia y no sé si fue suerte pero debería estar feliz por los logros, solo que no puedo controlarme, quiero dejar todo e ir corriendo hasta Perú, hasta mi casa, hasta mi cama, a veces también extraño mi wáter. Te cuento que hace unos días mi estómago crujía pero no de hambre, eran ganas inevitables de cagar. Entré rápidamente al baño cuando exploté bajo las ventosidades que expulsaba mi intestino grueso. Luego de vanagloriarme por haber podido salir de aquella incómoda situación me di cuenta que no tenía papel, la abuela era muy vieja para alcanzármelo, solo andaba en silla de ruedas y el abuelo estaba de siesta, era capaz de matar a quien lo despertase. Entonces necesitaba de algún plan, el papel siempre lo guardaban en las puertas inferiores de la cocina para eso tenía que pasar sigilosamente por detrás de la abuela.

Con el pantalón, la trusa abajo y mis manos tapando mis genitales daba saltos hasta llegar a la cocina, para esto mi arma era la sordera de la abuela. Cuando estuve por llegar sentí unos pasos y de pronto el reloj sonó, eran las 6 de la tarde, la siesta del abuelo había acabado, los pasos se escuchaban cada vez más fuerte, la abuela estuvo por darse la vuelta, el abuelo me vio, la abuela volteó, presentí que el abuelo pensaría mal pero los dos echaron a reírse. Conmovido me disculpé, fui a la cocina y recogí el papel e inmediatamente me dirigí de vuelta al baño cuando de pronto la abuela de afuera me dijo: “Hijo olvide decirte, pero los papeles están en el espejo, abre el espejo”.

Pensé que era un espejo normal pero era cierto, dentro del espejo estaban los papeles, de diferentes tamaños, colores y marca. Papeles duros, suaves, para poto de abuelo, para poto de bebe, para poto de vieja, para poto de gay (con olorcito), para poto de estreñido (más suave y húmedo). Creo que debí examinar más el lugar para no pasar por aquel bochornoso incidente. Recuerdas que siempre me decías que vea bien las cosas, a veces te decía ¿Dónde está el lapicero que te presté? Cuando yo lo tenía en la mano. En el colegio, justo en el último año escolar pudimos vivir nuestra aventura, porque fue nuestra, vivíamos en nuestro mundo y no dejábamos que nadie se imponga. Espero que sigas del todo bien, dentro de algunos meses espero volver a verte y recordar los mejores momentos juntos.
Sin sacrificio no hay victoria, y la verdad Victoria es que te sigo amando.

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