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El bar no está tranquilo. Se siente el aroma pre electoral en los rictus, las frases convencidas y los gestos entusiasmados de los bebedores. Uno se empeña en demostrar el oportunismo de los Verdes, otro niega su misma existencia como partido y se revela de Centro izquierda. Su novia le pregunta qué es eso. Los que callan no han decidido todavía, y continuan en silencio para no delatarse. El barman tiene acento venezolano y comete horrores ortográficos hasta cuando abre la boca. El vino es malo y la película de Polanski va a comenzar en 40’.
Viernes sin prisa. Los perros se alejan de las gotas de lluvia que empiezan a bañar la avenue Gambetta, sus letreros, sus bicicletas alquiladas, sus fumadores.
« Pachamama » es una revista ferozmente inspirada en el aura religioso que le dedican los europeos progres a Evo Morales. Monsieur Dechamps, su propietario, barba marxiana (modestia aparte) se sienta conmigo y me lanza su dardo de moda – Êtes-vous de gauche?. No tiene interés en saberlo, simplemente se trata de un exceso de soledad parisina. Pero todavía me quedan 30’ con gotitas de lluvia.

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– Monsieur, yo no me adapto al capitalismo, como lo de Borges con Bs As : no nos une el amor sino el espanto, serà por eso que nos queremos tanto.
Monsieur Deschamps tiene una hija que vive en el sur de Brasil, incluso más al sur que el sur de Curitiba, y esta hija se interesa por la televisión. El camarero venezolano que esconde su acento nos ofrece la carta. La hija, sigue – tiene una hija, que también se interesa por la televisión. Pierre (ex monsieur Deschamps por ese gustito a tutear que me abrasa en los bares) se declara amante de la televisión brasilera (yo pienso en Meirelles, en Carvalho, en mi amigo Jaguar) y se invierte en una búsqueda infructuosa de Cachaça. La revista « Pachamama » editada a unas calles de este bar que huele a pipí, como todos los bares de París, pasa a ser mía, con un gesto amable, a guisa de excusa porque Cachaça il n’y en a plus, desolé. No es grave, bebamos por este encuentro, por el exceso de pudor en las frases proselitistas y por el olor a cera que despide el señor asiático que carga con un saco de pilas, rosas de plástico, encendedores y películas.
Tienes la de Polanski ? Tiene. Nunca compro películas piratas, no es nada personal. Pierre me regala un encendedor pero no fumo tanto. El señor asiático sonríe pensando en los 6 euros, mostrando sus dientes marrones que hacen juego con la chaqueta de Pierre, y deja el bar cojeando del saco, rumbo al próximo bar.
¿De qué madera están fabricados los resortes que te obligan a votar, Pierre? ¿No crees que la escatológica costumbre del sufragio te libera de tus deudas, de tus culpas, de tus miedos? ¿Existe mejor catársis colectiva, mejor negación al diálogo que la democracia burguesa y sus charlatanería diestra-siniestra? ¿Y el venezolano que oculta torpemente su acento ? ¿Y si nadie vota la jurisprudencia le daría el poder a quién ? ¿Y el sabor malo del vino? ¿Y si el asiático ya vió la película ?

– Je vous laisse, il faut que je m’lève tôt demain pour aller au marche. La campagne eléctorale,
savez vous…
Mañana hay mercado, flyers terrestres, sol de medio pelo y más frases ajenas rebotando, convincentes, desafiantes.
Pago la entrada y la cara de Polanski se burla de mí, perdido como un animal seco entre el ruido de paraguas y las huellas con marca en el hall del cine.

Rubén D. Romero Prieto.

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