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En este distrito vive todavía una de las más famosas colonias de negros del Perú.

Los primeros negros que llegan al Perú vienen con la conquista. “El primer negro que piso tierra peruana, dice Mendiburo, fue el que desembarcó con Alonso de Molina en Tumbes, y después con Pedro de Candia en 1526. El negro causó gran extrañeza a los indios, quienes lo hicieron lavar pensando quitarle su natural color”.

Los esclavos negros  fueron traídos por traficantes negreros ingleses, holandeses, franceses, españoles y portugueses. Los negros que llegaron a Perú provenían como casi todos los que eran traídos a la América, de distintas naciones. Los principales como dice Mendiburo- los Chalas, los Mozambiques, los Caravelí, los Banguelas, los Minas, los Congos, los Mandingas. Este ramo del comercio trasatlántico produjo la creación de factorías importantes en diversos puntos del litoral africano. Allí la mercancía costaba poco y los beneficios eran incalculables. Con este negocio de “la trata de negros” llegaron a las colonias americanas cerca de 50 millones de indígenas africanos.

Justo es confesar que hasta en las ordenanzas de aquella época estaba legitimado el comercio de esclavos. El propio Emperador Carlos I de España, deseoso de contribuir a la prosperidad de las colonias españolas en el nuevo continente, autorizó en 1517 la trata de negros.

El gobierno inglés se percató enseguida de las ventajas que podrían derivarse de este infame negocio y durante siglos trató de monopolizar este tráfico. Incluso consiguió, en 1713, del rey Felipe V, en virtud del Tratado de Utrecht, el privilegio de proveer de esclavos negros a las colonias españolas de América.

Los negreros, realizaban terribles cacerías humanas en el África con el fin de abastecer al oprobioso mercado. A su paso los poblados quedaban arrasados, la selva recuperaba su territorio y los ríos arrastraban los cadáveres de los que no lograron sobrevivir. Sólo un esclavo de cada cinco lograba llegar vivo al litoral.

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El comentarista Virrey escribió:

“Se ata a los cautivos a una cadena y en bandas parecidas a las de los galeotes son conducidos a doscientas o trescientas leguas de distancia, a través de soledades espantosas. Si alguno no puede seguir, se le abandona.

“Los desdichados que han sobrevivido a esas penalidades, al llegar a la costa son hacinados en los buques negreros y arrojados al fondo de la cala, en tan reducido espacio que les era imposible siquiera moverse, a veces en número de 1500 en un solo barco. En medio de este hacinamiento, no dejaban de producirse enfermedades que se propagaban rápidamente y acababan con fuertes cantidades de esclavos”.

A esto era debido que sólo una décima parte de ellos llegaran vivos a su destino. Y aun así la trata de negros resultaba un negocio fabuloso.

Los que conseguían sobrevivir al prolongado viaje, al hambre, a las tempestades, a la viruela y a las fiebres, desembarcaban en las colonias americanas, medio muertos. Allí eran marcados, rapados y aseados y luego se les daba de comer para que presentasen buen aspecto en el mercado. Una vez vendidos pasaban a poder de su amo que disponía de su vida y que podía hacer con ellos lo que le viniera en gana.

Los negros esclavos carecían de personería jurídica. Eran “cosas”. Si huían de su amo se los castigaba con cien azotes, se les amputaba un pie o se los ahorcaba. El trabajo era excesivo. La situación de los esclavos domésticos fue más suave. “los blancos libertaron y favorecieron a gran número de negras y de sus relaciones con ellas resultó la abundancia de mulatos que muchas familias apañaron con entrañable afecto y criaron en medio del lujo y de engreimientos más escandalosos”

La iglesia católica influyó en humanizar el trato de los negros, lo mismo que el libro “Peregrinaciones de una paria”, de Flora Tristán, todo lo cual contribuyó a acabar con la esclavitud, que tuvo su punto final cuando Ramón Castilla decretó la libertad de los esclavos el 3 de Diciembre de 1854.[1]

Actualmente, alegres y retintos, sencillos y profundamente humanos, descendientes de aquellos negros traídos desde el África para las faenas agrícolas en épocas pasadas, han dado y dan al país famosos deportistas, instrumentos musicales, bailes, dichos, comidas y costumbres que se han entretejido en la trama del alma nacional. [2]

Danzas afro peruanas

Las danzas afro peruanas fueron creadas por los pueblos de ascendencia africana en el Perú.

En la época virreinal, los pueblos de ascendencia africana se fueron adaptando poco a poco a las nuevas costumbres, aunque trataron de conservar su acervo cultural, principalmente musical, el mismo que poco a poco se acriolló y se desarrolló en una cultura afro peruana propia. De ese original mestizaje de las culturas indígenas, europea y africana nacieron los bailes de expresión negra en el Perú.

Morenos amables y musicales, famosos “tocadores de cajón”, de la quijada de burro y la guitarra, la mejor expresión de alegría o tristeza de esta cultura afro peruana es bailar al ritmo de los tambores de sus antepasados africanos.

Los negros en el Perú, con su ingeniosa alegría y rica cultura, utilizaban todo lo que les pudiera sugerir ritmo para crear sus músicas y sus bailes con la combinación de la sensualidad ritual siendo el lenguaje corporal muy importante en sus movimientos, con coplas y pregones, los que con sus voces profundas, sus manos y cuerpos, se fueron introduciendo inteligentemente en la sociedad de la época colonial.

Danzas de Pallas

Danza colectiva femenina que se baila en Navidad y Fiesta de Reyes en la Región Ica. Las Pallas (palabra quechua que alude a doncellas) o pastoras, se baila principalmente en la zona de El Carmen, el distrito y sus caseríos en Chincha. El coro femenino y la solista mujer cantan villancicos alternando pasadas de zapateo. Se acompañan con guitarra. El vestido coreográfico con que danzas es mayormente blanco, con un tocado bordado en la cabeza. Las bailarinas llevan bastones de ritmo, llamados “azucenas”.

El zapateo afro peruano es una competencia entre bailarines al compás del cajón afro peruano y la guitarra de origen árabe. El zapateo afro peruano tiene origen en bailes de África. Se divide en Zapateo Mayor y en Menor, definidos gracias al guitarrista don Vicente Vázquez, quien continuando a su padre, don Porfirio Vázquez registró las melodías principales de esta forma musical. Las pasadas de zapateo tienen un reglamento, con juego de competencia. El zapateo afro peruano requiere adiestramiento y habilidad, y se circunscribe usualmente a los grupos o personas que practican la música y la danza profesionalmente. [3].

 

 

Los trajes que actualmente se usan son coreográficos y sencillos. Las diferentes danzas negroides visten atuendos básicamente afro peruanos. En algunas danzas, las mujeres usan faldas y blusas de color rojo de bolitas blancas u otros colores llamativos con un pañuelo sobre la cabeza y para otros bailes usan vestimentas según la corografía del baile. Estas danzas se bailan sin calzado. Los hombres usan pantalones y camisas de colores fuertes, y otras danzas las bailan sin camisa.



[1] Documental del Perú, Tomo 14; pp. 117-120

[2] Documental del Perú; Tomo VII; p.64.

[3]Wikipedia; Danzas afroperuanas.

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