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mateo saladoMateo Salado es uno de los restos arqueológicos limeños más importantes que nos quedan. Forman una preciosa muestra arquitectónica. Fue un bello e imponente palacio lo formaban, el conjunto, cinco huacas con la habitual y familiar apariencia de montículos de murallones y parámetros de lo que fuera en tiempo del incario la residencia del jerarca imperial que administraba todo el valle de Lima, desde la rivera marina a las estribaciones andinas. Son cinco recintos, hoy tienen una maltrecha apariencia, dos de ellos grandes y aún hoy tienen una imponente apariencia seguramente la residencia misma, y el administrativo o templario; y los tres, de tamaño menor, que probablemente eran los de servicios, depósitos, etc. « Es uno de los conjunto más importantes de la zona urbana y que más se prestaría para ser reconstruidos y usados como Museo de Sitio de gran atracción turística en plena zona urbana”.
¿De dónde le viene al prehispánico conjunto el nombre de Mateo Salado? Se trata de la españolización del nombre de un insólito francés: Matthieu Salade, especie de ermitaño que sentó sus reales en esas ruinas como solitario ocupante, allá por los años 1570. No se sabe cómo ni por qué, ni desde cómo ni por qué, ni desde cuando se encontraba ahí. Parece que era un personaje inquietante para la colonia española. Solía vestir un tosco sayal de capuchino mendicante, sin pertenecer a la Orden, y recolectaba hierbas medicinales, que entregaba a su intrigada clientela a cambio de limosnas.
Es probable que fuera algo nigromante; pero de cierto es que era buscador de « tapados », pasión que encandiló y encandila todavía tantas imaginaciones criollas, pues lo más visible de su actividad diaria era perforar las ruinas con forados y excavaciones. Lo cierto es que terminó atrayendo sobre sí la atención del Santo Oficio que encontró en su conducta “casuales” de proceso y lo acusó del delito de herejía, lo cual en esos tiempos significaba la muerte en la hoguera. El domingo 15 de noviembre de 1573 la inquisición inició en Lima su tresicular serie de « Autos de Fé ». Al infeliz Salade, le cupo la triste suerte de formar parte del primer grupo de seis reos que fueron quemados vivos y en « cuerpo presente » en la plaza Mayor, presidido por el inquisidor Gutiérrez de Ulloa y su colega Cerezuela. Si bien el recuerdo de Matthieu Salade ha desaparecido de la conseja popular con su secuela de búsqueda, hierbajos, magia, conjuros y quemazón final, su nombre españolizado en Mateo Salado, ha sobrevivido al borrón del tiempo y nomina todavía ese lugar, testigo de sus afanes de buscador visionario.

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